Todo lo que había, se acabó,como cuando se acaba la última galleta del paquete, o cuando se apaga la llama de una hoguera, solo quedaron esas migajas en la caja o esas cenizas, esos recuerdos que son imborrables. Porque llega un momento en el que pasa de ti, en el que ni si quiera se preocupa si estás bien o mal y es ahí cuando te das cuenta de que por mucho que te esfuerces todo es en vano, que para él si que le ha valido lo del borrón y cuenta nueva, y tanto que nueva, que pasas de ser todo a ser una página llena de tachones en su vida en muy poco tiempo. Por eso me aferro a esos buenos recuerdos que me quedan, a todas las promesas que nunca se llegaron a cumplir, por que sé que los recuerdos ya no cambian, pero en cambio él sí. Pero no hay que aferrarse al pasado, que si una puerta se cierra, otra se abre, solo hay que saber verla y aprovecharla.
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