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jueves, 8 de diciembre de 2011

Hubo un día en el que todo pareció una historia, de esas que luego se hacen película, de esas que vienen de las más ansiadas ilusiones de ser feliz, y sí en ese momento lo fui. Podría haber sido un día cualquiera de un mes cualquiera pero no, esta historia tiene día y mes concreto, un día 24 de Septiembre. Ni por asomo imaginaba que la suerte me cambiaría tan bruscamente, pero así fue. Llegué y me fijé en ti, en tu pelo rubio, en tus ojos de ese color tan complejo, pero que con el sol se nota que son de un verde precioso,me fijé en tu sonrisa, vaya pedazo de sonrisa que tiene ese chico pensé y me acerqué a darte dos besos. A partir de ahí todo cambió. En menos de dos horas ya me habías calado. Te acercaste a mi, y yo pensaba que me quería morir, me plantaste un beso y nuestros labios se fundieron el uno junto al otro. Nuestros dientes se rozaron una milésima de segundo, que sensación tan encantadora. Me sentí tan a gusto a tu lado que nada más podría suceder, y no lo necesitaba, porque todo lo que quería que pasase ya había pasado, tú estabas junto a mi. Ahora solo me queda echar de menos todos los demás días que pasamos juntos, echar de menos tus besos, tus manos acariciándome, esos susurros en el oído, esos te quieros mal pronunciados...

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