Que cabrón el sol por la mañana
que se cuela débilmente por la persiana y decide tocar
tu piel sin ni siquiera pedir permiso.
Pero que bien te queda.
Que bonito parece todo en la oscuridad,
tu piel tatuada de pequeños lunares de luz y tu respiración
tranquila como si no te acordases de haber llegado a las estrellas horas antes.
Tú ahí dormido sonriendo, como si supieses
que te estoy besando todo el cuerpo con la mirada.
Que contraste con la noche cuando
decidí declararte la guerra y hacer
de tu cama el mayor campo de enfrentamiento jamás visto,
cuando hasta en la luna se nos oía.
Dejamos la guerra sin vencedor,
la revancha puede ser mucho mejor.

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