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lunes, 2 de junio de 2014

Cuando algo se acaba deja huella para siempre. 96'

Todo tiene un final, pero no todos los finales son tristes ¡y desde luego que este no lo es!
Segundo de bachillerato ha llegado a su fin, pero hasta aquí hemos llegado todos juntos. Hemos convivido codo con codo durante seis años, seis horas al día, de lunes a viernes, hemos visto como a nuestros chicos les ha salido barba y les ha cambiado la voz, y han dejado de ser esos niños que no hacían más que travesuras y se pasaban el día en jefatura, y también hemos visto como las chicas, hemos pasado de ser esas niñas que iban por los pasillos con miedo al ver a los mayores, a ser unas mujeres hechas y derechas, hemos encontrado los que creíamos nuestros amores para toda la vida, y también los desamores más amargos. Está claro que no todo han sido buenos momentos, tantas horas juntos han llegado a desgastar en ciertas ocasiones, pero esas asperezas nunca se recuerdan, y si se hace siempre se les recuerda con humor.
Yo, de todos estos años en el instituto me llevo sólo los buenos momentos, porque los malos me hicieron madurar y hacer que viniese algo bueno, como llegar a acabar mis estudios para poder elegir la carrera que quiero.
¿El mejor momento? Es una pregunta que se nos vendrá a la cabeza en unos años cuando el instituto lo veamos muy lejano, pero ¿cuál es la mejor respuesta? De seis años no se puede sacar un sólo momento, pero sé que el momento que más no ha unido como grupo a los 117 que somos, ha sido la organización del festival, sentirnos directores, sentirnos actores, sentirnos bailarines, sentirnos realizados! Y ver que la unión hace la fuerza, porque sólo lo conseguimos cuando nos juntamos todos, y ahora ya no hay quien nos separe, por lo bueno y por lo malo estamos aquí juntos, proclamándonos la mejor generación que ha pisado este instituto, y sabiendo que a fin de cuentas somos personas, necesitamos relacionarnos, y qué mejor que hacerlo que con estas maravillosas personas que nos han hecho reírnos tanto en las excursiones, en Jaca cayéndonos una y otra vez, en Valencia saltándonos muros para fugarnos por la noche del Hotel, en Barcelona bebiendo en la playa y ligando en los bares, en Italia apoderándonos de cada hotel cuando nos juntábamos todos en una habitación, o en Andalucía llegando cada día a las 7 al hotel gritando por la calle como si fuésemos una charanga; también esas personas que nos han aguantado en épocas de exámenes cuando sólo teníamos caras largas, estrés y gritos, a fin de cuentas, esas personas que son nuestros amigos y amigas, que nos han acompañado en la etapa más importante de nuestras vidas, en la etapa en la que hemos madurado (o casi), la etapa que se acaba y que da paso a una nueva, en la que muchos dejaremos de vernos, otros seguiremos aguantándonos, una etapa que da miedo sólo de pensarla, pero sé que vamos a estar muy orgullosos los unos de los otros de lo que vamos a conseguir. Ha sido un placer compartir estos seis años con estos cacacaballeros. Hasta siempre.




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