Me digo a mi misma que no te quiero saludar, que siempre soy yo la pesada que va detrás, y la que me monto mis paranoyas a la mínima. Pero por más que me propongo no saludarte, y esperar que por alguna extraña casualidad tú lo hagas, aunque no lo haces... no puedo estar sin hablar contigo aunque no sea de nada. Porque me duelen más los silencios que los insultos.
Pero muchas gracias por dedicarme una sonrisa. Que te quiero
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